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Cuando el Estado controla la salud, la vida peligra.

La escasez de tacrolimus en EsSalud no es un accidente. Es la consecuencia lógica de un Estado que insiste en jugar un rol que jamás le correspondió. El Estado no fue creado para administrar hospitales, ni para repartir medicinas, ni para monopolizar la salud. Fue diseñado—en teoría—para algo mucho más básico y urgente: orden, justicia y libertad. Punto.

Cuando el Estado se mete a “proveedor de salud”, hace lo que siempre hace: destruye lo que toca. ¿El resultado? Largas colas, desabastecimiento crónico, trámites absurdos, corrupción interna para conseguir una cama, médicos saturados, profesionales desmotivados y una burocracia que trata a los pacientes como estorbos. El drama del tacrolimus no es una excepción. Es la regla.

Los hospitales “piden prestado” medicamentos entre sedes. Los pacientes reducen dosis para no morir. Otros compran medicina en el extranjero. Y Digemid “evalúa”. ¿Ironía? No. Es simplemente el estatismo funcionando a plena capacidad.

Mientras tanto, la vida de miles de personas pende de un hilo porque una oficina pública no firma un papel a tiempo. Y todavía tenemos que escuchar que “el Estado garantiza la salud”. Bastiat tendría material para escribir tres nuevos capítulos de La Ley.

El problema es más profundo. Un monopolio estatal que controla compras, certificaciones y abastecimiento solo puede generar lo que estamos viendo: escasez, injusticia y sufrimiento evitable. Y, por supuesto, cero responsables. Porque en el Estado todos mandan, pero nadie responde.

La solución no requiere otra “mesa de trabajo”. Requiere separar al Estado de la provisión de servicios médicos, permitir competencia real, introducir libertad de elección y reemplazar el monopolio burocrático por un sistema que premie eficiencia, calidad e innovación.

Este país ya conoce la receta: cinco reformas liberales para despolitizar la salud, desmantelar la burocracia, abrir el mercado, empoderar a los ciudadanos y garantizar que la vida humana no dependa del capricho de un burócrata.

Mientras no hagamos eso, cada desabastecimiento será un recordatorio cruel: el Estado no cura. El Estado, en salud, enferma. hashtagtracolimus hashtagessalud hashtagmedicinas hashtagminsa hashtagtransplantederiñon

Escrito por José Luis Tapia Rocha, economista y Presidente de 5R