por José Luis Tapia Rocha, Presidente de 5R
El juez Víctor Prado Saldarriaga tiene razón al advertir que la criminalidad organizada amenaza las elecciones del 2026. Pero se equivoca en el diagnóstico. El problema no es el crimen en sí, sino el estatismo que lo alimenta.
Cuando el Estado invade todos los ámbitos de la vida —desde el precio del pan hasta la elección del juez—, crea una economía de privilegios. Y donde hay privilegios, hay mafias. Donde hay licencias, permisos, cupos y favores, florece el crimen. No hay sicariato sin Estado capturado, ni corrupción sin poder concentrado.
Hoy, los candidatos presidenciales y congresales viven bajo riesgo. No solo por la violencia callejera, sino porque el aparato político se ha vuelto un botín. Los grupos criminales ya no roban bancos, roban ministerios. El sicario del siglo XXI no lleva pasamontañas: lleva terno y contrato público.
Nos acercamos al modelo haitiano: un país donde las instituciones existen solo en el papel, y donde el crimen dicta las reglas. Es la consecuencia inevitable de décadas de populismo, subsidios y controles que destruyeron el respeto por la ley y la propiedad.
El remedio no está en endurecer penas ni crear nuevos delitos, sino en desmontar el estatismo que corroe nuestra democracia. Las Cinco Reformas —económica, política, educativa, de salud y de pensiones— son el antídoto. Devuelven libertad, generan ingresos reales y restablecen el orden moral de la sociedad.
La democracia no se defiende con más leyes, sino con menos Estado y más ciudadanos libres. Porque cuando el poder se concentra, la justicia se vende; y cuando la libertad se dispersa, el crimen retrocede. hashtag#elecciones2026 hashtag#criminalidad hashtag#poderjudicial hashtag#estatismo